Estoy aquí donde estoy porque lo amo, porque mi trabajo diario no es una obligación, sino un privilegio.
Es estar cerca de una vida que apenas comienza: observar cómo de un polluelo indefenso nace un ser consciente, que aprende el mundo, reacciona, siente y confía.
Cada día en la cría no es solo la alegría del crecimiento y del desarrollo, sino también una responsabilidad. A veces significa ser la última barrera cuando algo empieza a ir mal, cuando la enfermedad asoma y hay que saber detectarla antes de que lo confirmen las pruebas.
Este mundo se rige por reglas distintas a las del mundo humano. Aquí cuentan la atención, la paciencia y la observación. Es el mundo de un criador con pasión, y es precisamente ese mundo el que quiero compartir aquí.
Todo comenzó hace unos veinticinco años. Con una pobre ninfa atrapada en un balcón, en algún bloque de pisos, en la realidad polaca de aquellos años. El pequeño Borys —así lo llamé— comía fideos y me arreglaba el peinado.
Hoy, con la perspectiva del tiempo y la experiencia, sé que probablemente era un ave silvestre, no criada por el ser humano. Y, sin embargo, fue entonces cuando nació una relación que me marcó para toda la vida.
El mundo ha cambiado. Hoy estoy en España, pero el amor por las aves sigue siendo el mismo. Empecé con una pareja de eclectus y con el rescate, de una jaula demasiado pequeña, de una pareja de cacatúas Ducorpsii, de las que se decía que nunca se reproducirían. Para mi sorpresa, al cabo de solo un mes conmigo, pusieron huevos. ¿Casualidad? No lo creo.
Y así continuó todo. Hoy dirijo una cría privada, compuesta por múltiples aviarios, situada en España, en la zona entre Valencia y Alicante, entre colinas y viñedos que muchos llaman la “Toscana española”. Es un trabajo a tiempo completo. Cada día trae nuevos retos, nuevas situaciones, problemas y alegrías. Mucho estrés, pero también una enorme satisfacción.
No es posible describirlo todo. Por eso quiero compartir con vosotros pequeñas historias y situaciones de mi mundo: aquellas que enseñan, conmueven y permanecen durante mucho tiempo.
Os invito a mi mundo.

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